Yoga ayurvédico: el arte de adaptar la práctica a cada persona

Yoga ayurvédico: el arte de adaptar la práctica a cada persona

El Hatha yoga nos ofrece un valioso conjunto de herramientas: asanas, pranayama, bandhas, relajación, concentración y meditación.

El Ayurveda aporta algo esencial: nos ayuda a elegir qué herramientas utilizar, con qué intensidad, durante cuánto tiempo y para quién.

Por ello, el yoga ayurvédico no es un nuevo estilo de yoga si mas bien la forma original de practicarla.

 Es una forma individualizada de aplicar la práctica según la constitución de la persona “prakruti” y  su estado de equilibrio actual —vikriti—, su edad, capacidad física, digestión, estado mental, estación del año y momento del día.

Una misma postura puede practicarse de distintas maneras. Un saludo al sol, por ejemplo, puede realizarse lentamente para calmar Vata, con suavidad y sin exceso de calor para equilibrar Pitta, o con mayor dinamismo para movilizar Kapha.

La postura es la misma; cambia la intención, el ritmo y el efecto.

¿Qué aporta el Ayurveda al Hatha yoga?

El Hatha yoga enseña las técnicas. El Ayurveda permite comprender cómo sus cualidades pueden influir en cada persona.

Desde esta perspectiva, una práctica puede ser:

  • Caliente o refrescante.
  • Activa o restaurativa.
  • Ligera o estabilizadora.
  • Expansiva o introspectiva.
  • Estimulante o calmante.

El profesor aprende a observar estas cualidades para evitar que la práctica aumente aquello que ya se encuentra en exceso.

Si un alumno llega acelerado, ansioso y agotado, quizá no necesite una secuencia todavía más rápida.

Si llega con pesadez, apatía y falta de motivación, una clase excesivamente pasiva podría incrementar esa sensación.

El principio ayurvédico es sencillo y profundo: lo semejante aumenta lo semejante y los opuestos favorecen el equilibrio.

¿Cómo puedo incorporarlo  a mis clases?

No es necesario convertir cada clase en una consulta ayurvédica, se puede comenzar introduciendo pequeñas adaptaciones conscientes.

Para equilibrar Vata

Cuando predominan la inquietud, el cansancio, la dispersión o la sensación de inestabilidad, conviene una práctica lenta, cálida y predecible.

Puedes incluir:

  • Tadasana y posturas de pie sostenidas sin esfuerzo excesivo.
  • Virabhadrasana I y II practicadas con estabilidad.
  • Flexiones hacia delante suaves.
  • Balasana.
  • Respiración alterna tranquila.
  • Shavasana prolongada y bien abrigada.

tu voz del profesor debe ser pausada y las transiciones suaves. Para Vata, cambiar de postura como quien cambia frenéticamente de canal no suele ser la medicina más amorosa.

Para equilibrar Pitta

Cuando aparecen irritabilidad, exceso de exigencia, competitividad o demasiado calor, se necesita una práctica moderada, espaciosa y refrescante.

Puedes incluir:

  • Movimientos fluidos sin buscar el máximo rendimiento.
  • Torsiones suaves.
  • Flexiones hacia delante.
  • Aperturas de pecho sin intensidad excesiva.
  • Shitali.
  • Relajación y meditación centradas en soltar el control.

Aquí conviene recordar al alumno que el tapete no entrega medallas. La práctica puede ser profunda sin convertirse en una batalla.

Para equilibrar Kapha

Cuando predominan la pesadez, la lentitud, la somnolencia o la falta de motivación, resulta útil una práctica dinámica, cálida y estimulante.

Puedes incluir:

  • Saludos al sol activos.
  • Posturas de pie enlazadas con fluidez.
  • Extensiones de columna moderadas.
  • Torsiones dinámicas.
  • Equilibrios.
  • Respiraciones más energizantes, si el alumno está preparado y no existen contraindicaciones.

La secuencia puede variar más y terminar con una relajación algo más breve.

También importan la estación y el momento del día

El Ayurveda te invita a mirar más allá de la dosha individual.

En épocas frías y secas se favorecen prácticas cálidas y estabilizadoras.

Durante el calor intenso convienen secuencias más frescas y moderadas.

En temporadas húmedas y pesadas puede ser beneficioso aumentar el dinamismo.

La mañana suele aceptar una práctica más activa, mientras que al final del día son preferibles secuencias que ayuden a soltar la tensión acumulada y preparar el descanso.

Una manera sencilla de comenzar

Antes de planear una clase, te debes de hacers cuatro preguntas:

  1. ¿Qué cualidades predominan hoy en mis alumnos?
  2. ¿Qué efecto deseo producir con la práctica?
  3. ¿Qué ritmo, respiración y posturas favorecen ese efecto?
  4. ¿Cómo puedo ofrecer opciones para diferentes necesidades?

De esta manera, una clase grupal puede tener una intención general y, al mismo tiempo, ofrecer alternativas. Un alumno puede practicar una postura de forma activa; otro, con apoyos; y otro puede permanecer en una variante restaurativa.

El yoga ayurvédico devuelve a la enseñanza su carácter vivo y personalizado. No busca imponer una secuencia idéntica para todos, sino reconocer que cada persona llega al tapete con una historia, una constitución y una necesidad diferente.

Cuando el conocimiento del Ayurveda acompaña al Hatha yoga, la práctica deja de ser solamente una serie de posturas. Se convierte en un camino consciente para recuperar el equilibrio, cultivar la vitalidad y acercarnos nuevamente a nuestra propia naturaleza.

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